Lo tenían fácil y no empezaron mal. Tenían dinero de Europa, mucho dinero, y además tenían bastantes proyectos de la anterior legislatura muy avanzados. Como lo que pretendían era vender su imagen, aprovecharon lo mejor de la ciudad para vestirla de gala, claro que para ello les faltaba gusto, clase, formación y sobre todo educación. Pero de eso nos dimos cuenta más tarde.
Se agarraron a lo más fácil y se pusieron a reformar la zona antigua, la más visible, la más vendible, lo mejor de la ciudad. Y es que Pontevedra, para el que no la conozca, tiene la zona antigua más bonita de toda Galicia (si exceptuamos la Catedral de Santiago y su entorno). Sus calles están muy bien conservadas, el granito se viste de solemnidad cuando la lluvia se hace visible, y sus múltiples plazas mantienen la diversidad y las características para las cuales fueron diseñadas y creadas. Claro que las cortas mentes de los ediles nacionalistas debieron pensar que tanta diversidad podía resultar muy peligrosa para el pensamiento único que tanto les gusta aplicar, así que se lanzaron a la vorágine de restaurar todas y cada una de ellas. Había dinero de Europa y había que gastarlo. Al final consiguieron lo imposible, mataron las distintas personalidades de las plazas, y las homogeneizaron hasta el aburrimiento, ¿pensarían acaso que con los pensamientos de la gente podrían hacer lo mismo? Ahora uno nunca sabe si está en Curros Enríquez en Méndez Núñez o en la Verdura, han construido plazas de diseño que quedan muy bien en los anuncios de los periódicos de la ciudad, publicidad que por otra parte pagamos todos los ciudadanos y que al llenar las escuetas arcas de los medios de comunicación, todos sabemos lo que pretenden evitar.
Recuerdo que la primera semana que llegaron al poder, peatonalizaron toda la zona antigua de un plumazo. Hubo gente que se opuso, es lógico, este fue un proyecto que él ya denostado y devuelto a la política (snif) Sr. Rivas lo intento en los años 80 pero que desistió al ver que la ciudad no tenía infraestructuras externas que pudiesen dinamizar el tráfico sin colapsar continuamente la periferia de la ciudad. Más de quince años después y de la noche a la mañana (¡cómo les gusta hacer las cosas con decisión, con valor, con osadía, que vea la ciudadanía que a ellos no les tiembla el pulso, y saber que a eso antes ellos mismos le llamaban tiranía!!) cerraron el tráfico a base de vallas por todos los lados y aquí no pasa nadie en coche por mis cojones. Ahora el caos en las entradas y salidas de la ciudad, asemeja una población de 80.000 habitantes como Pontevedra, a Nueva York, Londres o Madrid, ¡para que luego no digan que no mejoramos!
He de decir que cuando peatonalizaron la ciudad yo los respeté. Yo también estaba en ese proyecto, estaba en el programa, fueron coherentes, hicieron lo correcto, aunque ya empezaron a fallar las formas: ahora mando yo y ahora hago lo que me sale de dentro. Más o menos hicieron lo mismo que ZP cuando llegó al poder y retiró los soldaditos de la guerra de Irak (por cierto, alguien me puede explicar ¿por qué un soldado, al que se le prepara y paga para la guerra, se queja de que puede morir en misión de paz?). Eso se llama coraje de ignorantes, candidez de novato, estupidez protegida por votos, insensatez, cobardía y sobre todo populismo barato. También todos del BNG estábamos en contra de los toros y nos manifestábamos en contra de las corridas (¡Touradas non!, gritábamos por las rúas pontevedresas), pero después se acojonaron cuando las peñas (cientos de niñatos con ganas de emborracharse pero que sumaban la hostia de votos, debieron pensar) vinieron a decir que una cosa es el tráfico y otra cosa los porros y el alcohol y su excusa perfecta, los toros. Y ante los votos, amigos míos, uno se la envaina en donde le quepa y donde digo digo, digo diego y santas pascuas.
Pero lo peor de un político es cuando toma una decisión y le sale bien. Entonces se viene arriba, se envalentona, se calienta, se crece y ya no hay dios que lo pare a tomar decisiones, creyendo que en su divinidad él nunca se equivoca (desde Calígula andamos por estos derroteros). Por si esto fuera poco, suele estar rodeados de falsos aduladores que le ríen las gracias (como a Joaquín Sabina, por ejemplo) y cada una de esas decisiones se convierte en un giro genial a un problema que lejos de solucionar agranda y agravian. Así que nuestros amigos señores Fernández y Mosquera se fueron calentando y después del casco antiguo, siguieron peatonalizando todo lo demás: Michelena, Peregrina, Daniel de la Sota, Sagasta, Gutierrez Mellado… todo con el fin de mejorar la salud social de los pontevedreses , pero olvidándose de los barrios periféricos como A Seca, Monteporreiro, San Roque o parroquias como Lérez, Marcón o Salcedo.
Al final hicieron lo que siempre criticaron a la derecha: vestir de gala para pasear por la ciudad aunque en casa no haya nada para comer.